El campo pide jóvenes

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La Rioja impulsa el relevo generacional agrario y ganadero a través del Programa de Desarrollo Rural

El campo necesita con urgencia la vuelta de los jóvenes. El sector agrario lleva años jugando un papel clave en el mantenimiento de la actividad económica del país.

Según cifras de 2017, en España, el peso del sector agrícola en el VAB (Valor Añadido Bruto) es del 2,9 %, mientras que en comunidades como La Rioja el porcentaje llega a duplicarse. Allí, se registra un crecimiento del sector; sin embargo, cada vez son menos las personas que se dedican a él.

El campo pide a gritos una modernización de las estructuras de trabajo y un relevo generacional, en los que se está trabajando. Sin embargo la ventaja que podría suponer la disminución del esfuerzo físico no es suficiente para que los jóvenes se sientan atraídos por el sector.

Las condiciones laborales y la escasa rentabilidad de la actividad no les convencen. “De no ser porque provenga de un arraigo familiar es complicado que alguien se decante por este sector”, afirma Víctor Justa, un joven de 23 años al frente de una explotación frutícola, que se ha convertido en una de las pocas excepciones que rompen la regla.

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Víctor Justa, en su explotación frutícola.

“En la zona donde tengo mi explotación, la edad media de los agricultores está por encima de los 60 años, pero eso me hace ser optimista de cara al futuro, ya que tarde o temprano tendré posibilidad de aumentar mi explotación”, añade.

Tan solo un 0,55 % de los beneficiarios de la Política Agraria Común en 2016 tenían menos de 25 años. Ni siquiera considerando “jóvenes agricultores” a los de la franja de edad de 25 a 40 años se llega al 9 %.

Por eso, con el objetivo de atraer a nuevos jóvenes agricultores y ganaderos a la actividad agraria, el Gobierno de La Rioja puso en marcha el Programa de Desarrollo Rural (PDR) 2014-2020.

Un gancho para los jóvenes

La iniciativa se dirige a jóvenes de entre 18 y 41 años que pretendan acceder por primera vez a la actividad agraria y presenten un plan empresarial viable y sostenible.

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Ángel Olarte, en sus viñedos.

Además han de adquirir la condición de agricultor a título principal, su explotación debe generar una renta mínima como para poder vivir de ella, deben mantener la actividad agraria durante los cinco años siguientes a su instalación y fijar su residencia en la comarca agraria donde se localice su proyecto. Todo a cambio de una ayuda que asciende hasta los 40.000 euros.

“Si no es por el programa no puedes iniciarte”, comenta Ángel Olarte quien, a sus 36 años ha recibido el impulso que necesitaba para poder dedicarse a su viñedo en Badarán.

Su opinión la comparte Víctor Justa, también beneficiario del PDR: “Es cierto que la ayuda es un empujón para llevarte a tomar la decisión de instalarte en el campo, si bien, no son tanto como parece si lo comparamos con los precios de la tierra o la maquinaria agrícola”.

La Rioja cuenta con un presupuesto de 201 millones de euros para conseguir dotar de mayor competitividad a las explotaciones agrarias y conseguir una gestión sostenible de los recursos naturales, lo que redundará en creación de empleo, modernización de las explotaciones agrarias, renovación del medio rural y formación para los titulares de las explotaciones agrarias a través de cursos y asesoramiento personalizado.

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El curso de instalación a la empresa agraria, obligatorio para todos aquellos jóvenes que no dispongan de titulación universitaria, formación profesional de la rama agraria o estudios que convaliden las horas de formación, es impartido desde 2015 por Tragsatec.

A lo largo de 80 horas, los agricultores y ganaderos reciben información sobre la “Organización administrativa y la empresa agraria” o “Políticas y registros agrarios”, todo enfocado a sus explotaciones y la normativa de obligado cumplimiento.

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Tutoras como nexo de unión

Como novedad este año se ha incluido la figura del tutor, encargado de asesorar y realizar un seguimiento de la actividad del emprendedor durante los cinco años de desarrollo del plan.

“Les informamos de temas relacionados con el sector agrario, visitamos sus explotaciones y comprobamos que los requisitos y condiciones a las que se han comprometido se cumplen”, cuenta Marta Soriano, una de las cuatro trabajadoras de Tragsatec que desempeña el papel de tutora.

Su compañera, Lidia Antón, comenta que “la mayoría de los agricultores nos ven como una persona que les resuelve y les asesora sobre toda la problemática que se les plantea”. Pero no todos los beneficiarios muestran el mismo entusiasmo.

“Hay dos grupos”, explica la tutora Mónica Blanco, “los que nos valoran como un trámite que tienen que pasar y los que han entendido nuestra función y se aprovechan de ella; nos cuentan sus pasos y estamos en permanente contacto”.

Por lo general son los mayores de 30 años, los que se instalan sin el apoyo de la familia y los que tienen proyectos más innovadores.

Los motivos que llevan a los jóvenes a decantarse por el sector agrario en un momento en el que la mayoría de sus iguales opta por abandonar los pueblos e irse a la ciudad son variados, aunque, en muchos casos, “son las ayudas económicas las que hacen que los jóvenes se lancen al sector”, apunta Belén Larios, la cuarta tutora del Programa de Desarrollo Rural.

En cualquier caso, los casos de abandono (o exclusión) son los menos, en parte favorecidos por el optimismo y el entusiasmo de unos jóvenes que no quieren dejar pasar la oportunidad de alcanzar el éxito con sus proyectos. Como puntualiza Víctor Justa: “Una vez que echas tus números de la forma más real posible y ves que puede ir bien, solo tienes que centrarte en hacer bien tu trabajo”.