Nueva oportunidad para los montes gallegos

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Arrancan los trabajos de recuperación de los terrenos afectados por los incendios en Galicia

Más de 35.000 hectáreas calcinadas. Ese es el balance que, según datos de la Xunta de Galicia, ha dejado a su paso la oleada de incendios que asolaron los montes gallegos en los últimos meses. Las provincias peor paradas han sido Ourense y Lugo. La primera de ellas es la que mayor número de fuegos ha registrado, mientras que la segunda, la que más superficie de alto valor ecológico ha perdido.

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Técnicos de Tragsa han abordado la mapificación de las áreas gallegas incendiadas.

Ante este escenario y con el objetivo de minimizar lo máximo posible el daño medioambiental ocasionado han comenzado los trabajos de recuperación del suelo de los montes gallegos en el Parque Natural do Xurés (Ourense) y en la Reserva Nacional de caza de Os Ancares (Lugo), de la mano del Grupo Tragsa.

Antes de comenzar las labores propias de restauración, técnicos de la empresa han abordado la mapificación de las áreas incendiadas para evaluar y clasificar las más de 300 hectáreas afectadas en función de los daños. Este trabajo permite concretar la actuación más adecuada en cada caso, siempre con el objetivo de evitar la erosión del suelo.

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En cada zona se ha desarrollado distintas técnicas de reforestación.

Uno de los objetivos primordiales es también minimizar los arrastres a los ríos gallegos, que ya han visto disminuida su capacidad de desagüe a consecuencia de estos incendios.

Para ello se han diseñado las actuaciones más apropiadas en cada caso, utilizando técnicas como el multching, helimultching, barreras vegetales, geotextiles y albarradas de mampostería, destinadas a minimizar el riesgo de posibles desbordamientos.

Entre los trabajos abordados por el Grupo Tragsa también destaca la retirada de los árboles severamente afectados por el fuego, ya que existían altas posibilidades de que se convirtiesen en pasto de plagas y enfermedades forestales.

Por último, las tareas de recuperación incluyen la reparación de otras infraestructuras dañadas, como las traídas de aguas vecinales, los cierres de pastizales o el pavimento de aquellos caminos deteriorados por el tránsito de los vehículos de extinción.