Un pedazo de la tierra del Quijote

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Historia, arte y naturaleza se funden en Castilla-La Mancha, desde Segóbriga a las Tablas de Daimiel

Las tierras manchegas son mucho más que páramos, grandes llanos, viñedos y molinos. Castilla-La Mancha es también un vastísimo patrimonio histórico-artístico, natural y etnográfico que muy pocos conocen y que, sin embargo, está más cerca de lo que crees. Lugar de paso tradicional para los que buscan las costas sureñas y levantinas, merece la oportunidad de hacer un alto en el camino y conocer un poco más de su historia centenaria.

Historia que cuentan las piedras de diversos yacimientos arqueológicos como el de Segóbriga. Situado en plena mancha conquense, cerca de Saélices, este Parque Arqueológico, gestionado por la Diputación de Cuenca a través del Grupo Tragsa, es un claro ejemplo de avance social y el desarrollo urbano en tiempos romanos.

El Parque de Segóbriga cuenta con un sistema de realidad aumentada que muestra cómo era la ciudad hace 2.300 años

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Anfiteatro de Segóbriga.

Se trata de uno de los conjuntos urbanos mejor conservados de Europa que, además, cuenta con un sistema de visión digital desarrollado por el equipo de I+D+i del Grupo Tragsa.

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Este “catalejo” permite al visitante, mediante la utilización de la realidad aumentada, contemplar “con sus propios ojos” cómo era la ciudad hace 2.300 años. Este sistema mejora la experiencia del turista, relacionando imágenes reales con la localización geográfica, combinándolas en una detallada reconstrucción de los edificios de la antigua ciudad.

El parque de Segóbriga, que cuenta con un Centro de Interpretación que ayuda al visitante a comprender, interpretar y situar históricamente los restos arqueológicos que lo integran, recibió más de 53.000 visitas el pasado año, convirtiéndose en un destino de referencia para el turismo y las nuevas tecnologías.

El Castillo de Calatrava data de los siglos XIII al XVIII

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Castillo de Calatrava la Nueva.

Dejando atrás la provincia de las casas que cuelgan impertérritas sobre la Hoz del Huécar, nos adentramos en Ciudad Real, donde nuestra particular máquina del tiempo nos lleva a épocas menos lejanas para conocer el Castillo de Calatrava La Nueva. Una imponente fortificación que nada tiene que envidiar a los escenarios de Juego de Tronos.

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Iglesia del Castillo de Calatrava.

Este conjunto monumental, que albergó la sede de la Orden de Calatrava hasta 1804, alberga edificaciones construidas entre los siglos XIII y el XVIII.

Destaca su imponente situación, en la cima del cerro del Alacranejo, a mil metros de altura y su grandiosidad, ya que todo el complejo ocupa unos 46.000 metros cuadrados, el equivalente a siete campos de fútbol.

Sorprende el alto grado de conservación de algunas de las estancias, que incluyen espacios y elementos únicos como el rosetón de la fachada o la estancia abovedada que recibe al visitante.

Hoy se puede disfrutar de esta joya patrimonial gracias a las actuaciones de limpieza y acondicionamiento llevadas a cabo hace unos años para retirar escombros y elementos arquitectónicos derruidos.

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Patio de Comedias de Torralba de Calatrava.

A menos de una hora encontramos Torralba de Calatrava, villa famosa por su Patio de Comedias. El inmueble, situado en la Plaza de la Concepción, tiene un aforo para 740 personas y se divide en dos patios, cuatro espacios escénicos y un espacio museístico.

Según varios escritos, los orígenes de este teatro se remontan al año 1578, y albergó representaciones teatrales y de títeres hasta finales del siglo XIX. A lo largo de sus más 400 años de historia ha sido utilizado para los más diversos usos, hasta convertirse nuevamente en lo que fue en sus orígenes: un espacio escénico donde se unían teatro y cultura.

Esto ha sido posible gracias a la intervención de la Junta de Castilla-La Mancha y ayuntamiento de la localidad, que encargaron al Grupo Tragsa la adaptación arquitectónica, funcional y técnica del edificio para convertirlo de nuevo en espacio escénico apto para la representación de obras de teatro.

La restauración fue muy escrupulosa y permitió recuperar, con nuevos materiales, algunos de los elementos más característicos de la arquitectura de la zona, como los paños de la muralla del castillo, las cerchas halladas en la sala superior del pósito o las solerías originales encontradas en el edificio. Además permitió conservar los arcos de crucería pertenecientes a la estructura original, así como los dibujos realizados con punzón y aparecidos durante la restauración.

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Tablas de Daimiel.
El aire más puro de Europa

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), Castilla-La Mancha cuenta con el aire más puro de Europa y el tercero del mundo. Sin duda algo ha debido influir un ecosistema mediterráneo sin igual en el que el águila imperial, las cigüeñas y buitres negros dominan el cielo y los ciervos, corzos y jabalíes pasean por sus campos.

Por ello no podemos abandonar el territorio ciudadrealense sin visitar dos de sus joyas naturales: el Parque Nacional de Cabañeros, uno de los espacios protegidos de mayor relevancia en la península ibérica y el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel, máximo exponente de la “Mancha Húmeda” y Reserva de la Biosfera.

Espacios donde el visitante se sentirá acompañado y podrá ampliar información sobre la naturaleza de la zona a través del servicio de atención al público y los centros de interpretación, y adentrarse por senderos y caminos naturales, pasarelas o miradores que facilitarán su acceso a antiguas construcciones como los Molinos de Brezoso (Cabañeros) o Molemocho (Daimiel).

Exterior del Molino de Brezoso
Interior del Molino de Molemocho